Videaba el piso, era gris como con esquirlas de estrellas brillantes, diminutas e intrigantes. Componían el suelo, armando profundidad. Esto era lo que se observa si se precisaba la mirada, como un universo en blanco y negro de fondo plomizo sombrío. El bus paraba y yo me balanceaba de un lado para el otro, sintiendo aquel cuerpo de carne que quizás no había realmente entendido en abstracciones escolares. La gente se comportaba extraña y trágica, como si se situaran en un estado doloroso de aburrimiento y rutina, de problemas y de cansancio. podía observar como si ese viaje fuera su último, porque el sentimiento se demarraba y apestaba en las cabezas, en los rostros. La gente que viaja en transporte publico a veces parece tan trágica, o bueno talvez es el momento del día para sentirse trágico, en esto caso parecían que iban viajando directamente hacia el sol y que iban a morir. Así se sentían y comportaban, hablaban apaciguada y sutilmente con garganta dormida, sin miedo a sobrepasar un margen inexistente, tension facil comportaba ,sostenida, cansancio inminente, desmayamiento, total inmovilidad, todo eso. Las cabezas se sentían pesadas, cansadas de la ruleta universal. Una ruleta que no decide entre deseo y suerte, una suerte más extensa que la de un rehén de una masacre de tipo político, cualquiera que esta sea.
Indeseado Martes.
Las puertas se abrían, entraba y salía carne, habían refinados y descuidados, intelectuales y desempleados, el ocasional ciudadano patético en el réquiem de respirar, así parecidos a mí. Que aventura urbana tan desagradable y poética me dije y salí rápidamente de la estación, pero no debí haberme emocionado por la pulcritud del detalle trazado, ya que así es siempre y uno no se percata. Sea cual sea el estado de la conciencia y de los conectores de pensamientos, el transporte publico, máquina trituradora de la rutina. Y sus integrantes la mayoría de las veces son así, lamentables, ordinarios, sospechosos, integrados de superficies de experiencias y piel curtida, con las huellas que ya son la piel en el rostro así como el ambiente que forjan, que expanden, muchos escondidos en el anonimato por comodidad de sus pasiones, así parecidos a mí. Pero sin darse cuenta.
Las puertas se abrían, entraba y salía carne, habían refinados y descuidados, intelectuales y desempleados, el ocasional ciudadano patético en el réquiem de respirar, así parecidos a mí. Que aventura urbana tan desagradable y poética me dije y salí rápidamente de la estación, pero no debí haberme emocionado por la pulcritud del detalle trazado, ya que así es siempre y uno no se percata. Sea cual sea el estado de la conciencia y de los conectores de pensamientos, el transporte publico, máquina trituradora de la rutina. Y sus integrantes la mayoría de las veces son así, lamentables, ordinarios, sospechosos, integrados de superficies de experiencias y piel curtida, con las huellas que ya son la piel en el rostro así como el ambiente que forjan, que expanden, muchos escondidos en el anonimato por comodidad de sus pasiones, así parecidos a mí. Pero sin darse cuenta.
Perceptual. Sensorial. Conceptual. Muy bueno...
ResponderEliminarCaer en la monogamia es fácil.
ResponderEliminarIgual que salir , pero no sabemos como hacerlo, ¿no?